• Cintia Canto Ianni

Playas de belleza inhóspita en pleno corazón de Península Valdés

Actualizado: 6 feb 2018

No sé si es muy profesional de mi parte comenzar el post diciendo que casi me da un panic atack después de escribir el primer post y cerrarlo sin guardar y ahora tener que empezar de cero. Señor ¿Por qué eres tan cruel conmigo? En fin, se perdió, se perdió. Lo que no perdí, por cierto, es la motivación para comenzar de cero y darle vida a ésta nueva entrega.


Ahora bien, ¿les conté que durante el polimodal (un invento de secundario pero con una duración de tres años y especializado en una rama en particular. En mi caso fue en Ciencias Naturales) tuve un profesor de Geografia a quién le gustaba llevarnos de viaje y que, fue gracias a él, que en 2003 puse por primera vez un pie (seguido del otro) en Patagonia, y más específicamente en Península Valdéz y alrededores? El destino es bastante curioso déjenme decirles, porque las mismas provincias que recorrí con Mingo y mis compañeros de clases desde 2002 a 2004 (Mendoza, Córdoba, San Luis y Chubut), son las mismas que he vuelto a visitar en estos últimos tres años. No fue a propósito, simplemente pasó. En fin, el resto del mundo tendrá que esperar por ésta humilde servidora un poquito más.


Llevo casi cerca de cinco meses en Puerto Piramides, y a pesar de que la única movilidad de la que me valgo, es de la buena voluntad de mis nada "atléticas" piernas para llevarme a todas partes, me doy cuenta de que se puede conocer mucho con muy poco, y en otros casos, una ayudita de las agencias locales para realizar actividades náuticas, tampoco vienen nada mal.


Ahora bien, si hay algo sobre la Península es que si bien la mayor parte del paisaje parece una y otra vez más de lo mismo, les cuento que por lejos, muchos lugares no dejaron de sorprenderme.


Una playa con "tesoros" de antaño ...


¿Se imaginaron alguna vez encontrar dientes negros fósiles de tiburón? Pues bien, si sos un detector humano de dientes de tiburón (claramente no es mi caso), es posible que aquí los encuentres. Y si sos todavía más consciente de que estás en una reserva natural Patrimonio de la Humanidad, entonces también lo levantarás, quizás se te dibuje una sonrisa, quizás te tientes en llevártelo al estilo souvenir, y finalmente lo dejes en su lugar, a dónde pertenece. Si, lo sé, el mundo no es justo, pero como dicen por ahí: "cada cosa en su lugar".


Como les seguía contando, éste lugar existe y es conocido como la Playa de los Dientes Negros. No sé que piensan, pero da para una nueva entrega de Indiana Jhones con un titulo asi. Si los más jovenes no saben quién es Indiana Jhones, entonces no saben de lo que se pierden. En fin, volviendo en órbita y siguiendo el cauce de éste "río", les cuento que con un poco de imaginación y sed de aventura, es muy fácil llegar, conociendo el camino, pisando firme, elongando un poco y rezandose algún que otro Ave Maria ... ¡Jajaja! ¡Qué no cunda el pánico! Si andan cerca y por una cuantiosa suma de dinero, con mucho gusto los guiaré ... ¡Nah! ¡Es broma! Si andan cerca, será un placer guiarlos sólo por el mero hecho de que se lleven una experiencia inolvidable, ya con eso mi trabajo está hecho.


Como sugerencia, para ésta caminata y cualquier otra, les sugiero llevarse un mini botiquín, no viene nada mal teniendo en cuenta raspones y arañazos que abundaran. ¿Dónde estaría la gracia sino? ¿Alguna vez vieron a Indiana Jhones salir sin un rasguño de alguna de sus aventuras? I don´t think so. Dejando éste punto aparte, el inicio de la travesia comienza con el sendero que nace detrás de la callecita que se encuentra saliendo del estacionamiento del Hotel del ACA y paralelo a las agencias de avistajes a la altura de la Primer Bajada al Mar, la cuál es la primer calle que al entrar al pueblo, desciende hacia la playa. Con una caminata en pendiente desde el inicio, por momentos leve por otras no tanto, se sigue el sendero como si se fuera en direccion al camino de ripio que mas adelante lleva hasta la Loberia de Punta Piramides, pero desviándonos mucho antes.



Playa de los Dientes Negros desde arriba del sendero


Poco después de dónde se viene tener esta panorámica, el sendero ya marcado por piedritas de color rojizo dibujará una nada tentadora pendiente, que muy poco se distingue su sendero. Si bien la bajada no es cosa de niños, tampoco es imposible. Es cuestión de realizar el descenso con paciencia, tranquilidad y obviamente disfrutando del momento. Es normal que a causa de las pequeñas cuevas de lagartijas, por momentos el suelo bajo nuestros pies se desestabilice. Hay que tener muy cuidado donde pisar, teniendo en cuenta que los invasores somos nosotros y no la flora y fauna. Las plantas, típicas del desierto, les dibujaran bellisimos garabatos, productos de sus puntiagudas y filosas hojas, al igual que de sus prominentes espinas en toda sus gamas de colores. Dicho asi suena encantador ¿No? Ahora entiendo porque hay gente a la que no le gusta la naturaleza, dijo una que yo conozco, mientras luchaba contra las espinas ... Okey, okey, si, fui yo. La naturaleza es para disfrutarla con sus pros y sus contras.

Con Meli, tomando un break del descenso


Es importante siempre calzado cómodo, mientras menos posibilidades de resbalarse, mucho mejor. Agua y algo para comer, es también infaltable y si la tienen super clara, una bolsita para los residuos no le hace mal a nadie.


¿Les conté como conocí a Meli? Yo siempre iba a hacer las compras al negocio dónde trabaja y a mi que poco me gusta hablar (¡Ja!), le conté sobre mis caminatas en solitario, hasta que un día la invité a unirse y desde entonces, siempre que las ganas y el cuerpo nos da, salimos en busca de alguna nueva aventura. Volviendo nuevamente al sendero, desde el inicio hasta el final del recorrido, serán apróximadamente unos 40 minutos y hasta puede que un poco menos, pero como dije antes, hay que andar con cuidado. Por momentos encontrarán unas especies de profundas estrías sobre la superficie que irán marcando el camino, y por momentos estarán caminando dentro de las mismas para salir directamente hacia la playa.

¿Recuerdan las estrías que les mencioné? Aquí a la derecha de mi colega se puede apreciar el claro ejemplo. Puede que parezca que está ahí nomás para adentrarse, pero si observan bien, notarán que es bastante profundo como para saltarla así como quien no quiere la cosa. Osea, somos osadas pero tampoco somos la Mujer Maravilla ...

Si creen que es posible perderse ... ¡Pues claro que si! ¿Dónde estaría la gracia sino? ¡No os preocupéis! La verdad es que es muy poco lo que hay para recorrer, y el terreno no es tan amplio como parece. Con un poquito de sentido de la orientación y perseverancia, se llega a todas partes.

Si bien puede resultar muy tentador andar descalza por la playa, no lo es en absoluto el caminar por las restingas, realmente es un suplicio. No exagero. Las nada visibles válvulas fósiles de mejillones, harán de su caminata una tarea cortantemente y filosamente dolorosa experiencia. No me lastimé, pero poco me faltaba. Henos aquí lo importante del mini kit al estilo Cruz Roja.

Está playa es ideal para disfrutarla con marea baja, para ello les recomiendo consultar en http://es.wisuki.com/tide/6239/puerto-piramides para estar al tanto de los horarios de las mareas.

Algo muy bello y que nunca olvidaré, fue sin lugar a dudas, el sonido del aleteo de unas aves que volaron a poca distancia de nosotras. Quizás puede parecer una cosa insípida dependiendo del punto de vista de cada uno, pero entre tanto silencio, hay una gran diferencia entre ver un ave volar y escuchar el batir de sus alas en el aire impulsándola en su armonioso andar.

Sin lugar a dudas, el termino playas de aguas turquezas lo tiene bien merecido.

A nuestra vuelta, Puerto Pirámides y su playa de la Primer Bajada al Mar, nos recibía con ésta postal veraniega. Lo increíble de éste lugar, es que a pesar de que las ballenas se marcharon en diciembre, sigue teniendo mucho para ofrecer. Un buen chapuzón no se le niega a nadie ¿Cierto?

Playa de restingas de la primer bajada


Una playa con encanto a mar ...


Ésta es de mis favoritas y de muy fácil acceso. Desde la Primer Bajada al Mar se llega caminando por la playa. Y desde la Segunda Bajada al Mar se accede directamente, previo a haber pasado el estacionamiento al aire libre.



Por empezar, ésta playa a diferencia de la Primer Bajada al Mar es más "privada", ya que se concentra un menor número de personas. Tiene muchos tramos de restingas, conchillas y mas adelante médanos cubiertos de espesa vegetación. Es una playa con una riqueza paisajistica inmensa. Desde los frondosos paredones, que más tarde se pueden ascender a la altura de la Piedra Guacha, hasta las cuevas encantadoras que coronan el final del recorrido y a las que se puede acceder con marea baja o bien recorrerlas por arrib

Laberintos de restingas y algas. Ideal para caminarlos por encima o por debajo.


Poco antes de llegar a las cuevas (entre el espacio desde donde terminan los médanos y comienzan las formaciones rocosas), se abre una especie de cañon, desde el cuál una especie de rampa de arena y fósiles nos irán marcando en subida el comienzo del sendero que nos llevará más adelante camino a Punta Pardelas. Éste es uno de mis senderos favoritos y que muy pocos conocen. Las vistas desde aquí son mucho mas amplias e incluso el paisaje de allí arriba con sus conos de tierra seca y pequeños senderos, lo hacen otro "ecosistema" aparte

Llegar a éste tramo demora aproximadamente unos 30 minutos y es ideal con marea baja, ya que es en ésta única ocasión en la que se puede recorrer las cuevas por dentro. Si bien no hay mucho que puedan encontrar en su interior, con un poco de imaginación, se puede disfrutarlas de lleno.

Las mareas muchas veces suelen dejar algas por doquier ...

Interior de una de las cuevas. No son muy profundas y con marea baja son de muy fácil acceso.


Espero que hayan disfrutado del post, y si es ese el caso, me comenten cual fue la impresión del mismo y me sigan acompañando en los próximos que vendrán.




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